YAKITO bonito, gracias por venir.
Has sido el motor y la alegría de nuestras vidas durante once maravillosos años.
Te hemos querido y cuidado mucho, pero tu amor fue incondicional.
Por eso, ahora, notamos tanto tu ausencia y sentimos la casa vacía, sin tus juegos, tus ladridos y tus patitas sonando de acá para allá.
Deberíamos estar alegres y pensar que a partir de ahora correrás y saltarás libre de ataduras sin correa ni bozal, detrás de pelotas de tenis, tu pasión, y nadarás en ríos y playas a placer.
Te echamos mucho de menos y te queremos con todo nuestro corazón.
Nos reuniremos contigo algún día en el puente del arco iris.