Hace ocho años viniste a nuestras vidas huyendo del abandono, de la soledad de la calle.
Hoy te marchas de nuestros días, obligado por la enfermedad, por el dolor. Y en ese paréntesis de tiempo tu presencia ha sido nuestra alegría.
Tus ronroneos, tus cabezazos, tus lametones, tus muestras de amor , han superado con creces nuestros cuidados y nuestro cariño.
Sabemos, Nicolás, que un día nos juntaremos de nuevo. Que podremos sentir materialmente tu amor en nuestro amor. Mientras, vela por nosotros desde cualquier estrella. Porque también estamos seguros que cuando miremos al cielo, tus ojos verdes, amorosos, nos llenarán de guiños, nos llenarán de besos.
Nicolás, te queremos.
21.12.2015