Rufo, siempre has sido un regalo para todo aquél que te ha conocido.
Nos dejas un legado de recuerdos e instantes imposibles de olvidar y que harán que estés siempre en nuestra mente.
Allá donde estés, sigue siendo tan feliz como lo fuiste aquí, corre, juega, escarba y sigue destrozando todas las pelotas que encuentres a tu paso.
Es impensable cómo un ser tan pequeño pudo hacer tanto bien.
No te olvidaremos nunca.