COCO

Querido amigo.

Aún sigo teniendo cuidado por si estás durmiendo en medio del pasillo. No me creo que no estés. Mi alma está vacía. Siempre pensé que éramos uno, como en aquella película en la que compartían alma un chico y un dragón. Y así era, no me cabe duda. ¡Cuánto te echo de menos amigo mio! Acaricio la parte de mi pierna que te servía de guía y siento que te acaricio a ti. Pero lo peor es entrar en casa sin ti. Es como una pesadilla. Y todos los días son parecidos. Me siento culpable de no haber disfrutado más de ti. Siempre di por hecho que conocerías a mi bebé y que tu pérdida sería mucho menos dura. Siempre te vi con los ojos de niña que te vieron saludarme por primera vez, cuando llegaba a casa tras la academia de inglés. 14 años tenía. Tiré la carpeta y te abracé. Y hasta el final amigo. Hasta tus 15 años.

Siempre supe que tus ojos me decían que estarías a mi lado siempre. Ojalá hubiese sido mucho más. Gracias por crecer a mi lado, enseñarme tanto, darme infinidad de amor y ser mi sombrita por donde quiera que vaya. Te llevo dentro de mi. Has sido el mejor amigo que nunca me imaginé tener. Y como diría Pau Dones: “Gracias por ser y por estar, por tu amistad y tu compañía… Eres lo mejor que me ha dado la vida”

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