Querido Gordo, recuerdo perfectamente aquel día que te adopté. Los primeros días ya podía adivinar el gran corazón que tenías y todo el cariño que me ibas a dar. Fuiste mi mejor amigo durante 10 años y te lo agradezco muchísimo.
Te llevaste una parte de mí aquel 15 de noviembre, pero estoy seguro de que algún día podré recuperarla porque volveremos a vernos y podremos jugar sin fecha final.
Tu familia sigue teniéndote en el corazón y en sus pensamientos, nunca te olvidaremos y esperamos encontrarnos todos otra vez, porque mi familia sin tí no está completa.
Allá donde estés cuida de nosotros y espéranos.
Te queremos mucho.