Lam, qué dura tu ausencia. Frío, aristas, la casa y el corazón niebla y espinas sin ti. Este dolor insoportable da la medida de cuánto te quería, de cuánto te quiero. Gracias por estos dieciséis años, por toda la luz y la alegría que trajiste a mi vida. Gracias por ser mi gran amigo. Gracias por quererme tanto. Espero que algún día podamos reencontrarnos más allá del arcoíris.
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