Mi queridísima amiga de orejas puntiagudas:
No puedo ni quiero dejar de verte en todas partes, ni olvidar el agudo ladrido impertinente cuando perseguías piedras más grandes que tú. No quiero ni puedo diluir tu olor a tierra, a corzo, a jabalí, a tomillo y menta en el aire pasajero de cada día sin tí. No me resigno a sólo pensarte; quiero amarrar tu recuerdo, tu presencia, tu mirada transparente al hilo conductor de cada uno de mis días. Quiero que estés conmigo, te necesito, mi alma infinita!.