Todavía nos acordamos de tu primer día en casa. Por aquel entonces, no podíamos ni imaginarnos en lo que te ibas a convertir.
Hoy, 10 años después, solo podemos darte las gracias. Gracias por tu prudencia y saber estar siempre. Gracias por haber sabido adaptarte a cualquier circunstancia y convertirte en guardián cuando el jefe nos dejó. Pero sobre todo, gracias porque aquel perro esquivo y desconfiado, nos ha acabado regalando 10 años de amor, fidelidad y de la mejor compañía.
Contigo se fue un trocito de nosotros, pero nos has dejado los mejores recuerdos.
Te echaremos de menos siempre pequeño Pich!
Angelines, Juan, José y María.