Reina, gracias por toda tu sabiduría de gata de la calle, por tu presencia siempre digna y silenciosa, por la alegría, por la compañía, por la esperanza que regalaste en momentos difíciles, por todo lo que ayudaste a vivir.
Fuiste una gata muy querida por algunos que ya no están, y quienes seguimos aquí te seguimos queriendo. Ojalá pudiera darte un achuchón de esos que tan poco te gustaban, bolita gordita. Besos en la nariz
Sé feliz en el cielo, estrella entre estrellas.