A Wild le gustaba obedecer si se lo pedían con mucho cariño, y con la coletilla «por favor».
Por favor Wild, puedes ir a tu sitio? Gracias.
Lo descubrí por casualidad, de los diez años que vivió, sus últimos tres, los vivió conmigo, y le encantaba solicitar a todos caricias.
Yo le decía que era un «yonqui» de las caricias.