YERA: mi pequeña Yerita. Apareciste en el momento más difícil de mi vida. Me diste consuelo y cariño desde poco antes de fallecer mi madre, hasta tu último día. Sólo tú y yo sabíamos la falta que nos hacíamos, hasta el punto de perderte y al cabo de los días aparecer.
Eras, eres y serás mi fiel compañera. Ojalá el día que me toque cruzar a mí, me estéis esperando las dos.
Nunca te olvidaré